¿Que nos pasa como sociedad?

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Soy Facebook, te trae una pregunta que se repite a diario, y hace eco cada vez mas fuerte…..Que nos pasa como sociedad?  Creí haber encontrado algunas respuestas, pero no, hoy –pasado ya cierto tiempo- me vuelvo a formular la misma pregunta, pero esta vez potenciada por un convencimiento cada vez fuerte: nuestra sociedad se encuentra a la deriva, como perdida en un enorme océano sin costas a la vista, sin saber a dónde ir.

Que esta pasando en nuestra sociedad?

Es la encrucijada, el punto de inflexión acerca de nuestro futuro como sociedad, sin saber qué camino tomar. Somos una sociedad acosada por la ineptitud de los poderes públicos para resolver los conflictos, jaqueada por una situación “real” de inseguridad que nos impide vivir la vida que deseamos todos los días ni pensar en proyectos que no se aborten por situaciones imprevistas y fuera del curso natural de las cosas, o con sorpresas desagradables, inesperadas y peligrosas en nuestras vidas.

El delito sigue creciendo, debemos salir de nuestras casas en alerta máxima, los niveles de inseguridad se superan día a día, y las respuestas del Estado se limitan a echarse culpas entre sí, acusándose unos a otros sin soluciones teóricas ni prácticas inmediatas. Como muestra basta un botón, todo se deja para cuando el conflicto ya echó raíces y se ha tornado inmanejable, situación extrema (que exige medidas extremas) que, por lo general, termina con numerosas víctimas de ambos lados, de quienes intervienen y hacen de la protesta social el pan de cada día como de las fuerzas del orden que intervienen para “pacificar” la protesta social, pero sin saber a ciencia cierta qué hacer, si prevenir, si reprimir o irse a sus casas.

La violencia, en sus más variadas manifestaciones, se ha instalado de tal forma que, no sólo no parece tener solución a corto plazo sino que da toda la impresión que nos estamos acostumbrando a vivir con ella. Lo cierto es que el índice del delito sigue creciendo, los arrebatos se suceden en forma permanente, los robos a domicilios particulares, negocios, empresas, Bancos, etc., no tienen fin; mientras tanto, el Estado –como en el juego del gallito ciego- no ve el círculo vicioso que ello encierra: los medios de prensa difunden la noticia que da cuenta de un hecho criminal, la sociedad se queja y reclama soluciones, frente a esta situación el Estado propone una única respuesta, una sola receta: la sanción de una nueva ley o la reforma de las que ya existen, no importa el camino ni si la solución es la correcta o la más conveniente, algo hay que hacer, hay que mantener el electorado.

De esta manera, este circuito que sucede todos los días, desemboca en más y más derecho penal simbólico (ya contamos con un código penal que más se parece a un libro de cocina que a un cuerpo de leyes) que no sirve para nada, salvo para hacer creer a la sociedad que la tarea de salvataje de la sociedad está cumplida (misión del legislador) y calmar la ansiedad, el reclamo y las desesperación de los electores, quienes creen que con la sanción de la ley al problema está resuelto. Pero como el crimen sigue avanzando a pasos de gigante, entonces los medios de prensa de nuevo difunden otra y otra noticia criminal… y comienza de nuevo el circuito…y así seguimos, en el interior de un círculo vicioso que no tiene salida.

Y no tiene salida, no porque se trate de un círculo vicioso (al que nunca debimos entrar) sino porque no existe un plan oficial, ni para enfrentar a la criminalidad ni para buscar y dar soluciones a los problemas de fondo (pobreza, exclusión, marginalidad, inmigración irregular, desigualdad social, etc.). Esto sucede en la Argentina actual porque hemos perdido el rumbo del Derecho, hemos permitido que la violencia gane las calles, dejamos de ser un Estado “real” de Derecho (sólo lo somos desde un punto de vista “formal”), por muchas razones: por ejemplo, los partidos políticos no son más que un recuerdo de épocas pasadas, hoy campean los “ismos” por todos lados y las camisetas se regalan e intercambian como en los partidos de fútbol; las otroras internas no existen, como si los principios de la democracia hubiesen desaparecido; nadie respeta la ley, y un país que no respeta la ley no tiene futuro. Los medios de prensa todos los días dan cuenta de verdaderos delitos que se cometen a la sombra de la llamada protesta social: tomas de espacios y edificios públicos, ventas de terrenos públicos, destrozos y saqueos de negocios a la luz del día, paralización de rutas, autopistas, puentes, avenidas y calles públicas para protestar por cualquier cosa, venta de drogas al alcance de cualquiera (que se difunde por televisión), interrupción de los medios de transporte público o privado, la corrupción oficial (y sus cómplices privados) enquistada en las más altas esferas del poder, la violencia extrema como herramienta para resolver ( o alimentar) conflictos (la impunidad se pasa por TV)…el avance de la criminalidad parece no tener retorno…y nadie hace nada (me refiero al Estado, quien es el que debe “asegurarnos” la seguridad), no existe un programa oficial para detener esta oleada de inseguridad que nos azota desde hace ya mucho tiempo, mientras la ciudadanía decente, honesta y trabajadora mira asombrada e indefensa la inacción estatal. La anomia es una enfermedad que se ha apoderado de los argentinos, en un país sumergido en el descontrol y el desconcierto. Algo hay que hacer antes de que sea tarde, el pronóstico dice mal tiempo y tormentas, …, pero, frente a todo esto reflexiono y me pregunto….¿no será ya demasiado tarde?.

Por: Dr. Jorge Eduardo Buompadre
Prof. de Derecho Penal, UNNE

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