Comunicación , ese complejo modo de hacerlo

Hoy te traemos un tema, que muchas veces se piensa que el comunicar eso solo emitir palabras, que pueden ser mas o menos resonantes y razonables, pero sin darnos cuentas que las recepciones o canales deben estar abiertos para poder interpretar , decodificar lo que deseamos trasmitir, ya que si no, quedan tan solo en nuestro interior, explicitado pero no entendido como tal. Comunicación e interpretación.

Cómo nos comunicamos

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Aquí dejaremos un resumen de cuando nos queremos comunicar, expresar algo, y aveces no llegan de la forma que pensamos o no causa el impacto deseado:

LA COMUNICACIÓN NO EXISTE:

Los seres parlantes, estamos constituidos por el lenguaje, pero también mal entendidos por el mismo lenguaje. Ningún significante se significa a sí mismo. Por estructura siempre necesita de otro significante para significarse. Por eso el maestro francés designó S1 al sin sentido, y S2 al sentido. Si decimos cualquier significante, por ejemplo ‘perro’, ese significante no se significa a sí mismo, sino que necesita de otro significante para dar cuenta del mismo, por ejemplo:
1. ‘Mamífero doméstico de la familia de los Cánidos, de tamaño, forma y pelaje muy diversos, según las razas. Tiene olfato muy fino y es inteligente y muy leal al hombre’.
2. ‘Por las gentes de ciertas religiones para referirse a las de otras por afrenta y desprecio’.
3. ‘Persona despreciable’.
4. ‘Mal o daño que se ocasiona a alguien al engañarle en un acuerdo o pacto’.
5. ‘Hombre tenaz, firme y constante en alguna opinión o empresa’.
6. ‘Hombre sumamente cauto, advertido y prevenido por la experiencia’.
7. ‘Expresión para repeler a quien propone artificiosamente algo incómodo o desagradable, o cuenta algo que no debe creerse’.
8. Inepto para la práctica de algún deporte.
9. Etc.
Así que no solo necesitaremos de otro significante para dar cuenta de ‘perro’, lo que podría situarnos en el plano del significado, sino que además, y sobre todo tenemos que contextuarlo, para dar cuenta de lo que queremos decir, lo que nos ubica en el plano del sentido. O sea que cualquier significante puede ser en sí mismo S1: sin sentido o puede ser S2, sentido para dar cuenta de un significante anterior. Por ejemplo, y este ejemplo lo puedo decir en Argentina, verán porque: ‘LA CASA ES LINDA, PERO, … MÁS ME GUSTA LA PESCA’. Sólo a posteriori resignificamos CASA con Z, es decir CAZA.
Entonces la comunicación está estructuralmente condenada al mal entendido, por las siguientes razones de estructura:
a. Ningún significante se significa a sí mismo.
b. Para escuchar el sentido necesito que se cierre en un punto de capitón, de almohadillado, el mensaje que es dirigido.
c. El significante mata ‘la cosa’, el ‘das Ding’ que mencionara Hegel. Por lo tanto,
d. El significante no puede nombrar Lo Real, es por eso que se define Lo Real como Lo Imposible: ‘Lo que no cesa de no escribirse’. Podemos decir ‘lo que no cesa de no nombrarse’, también podemos decir ‘lo que no cesa de no simbolizarse, ni imaginarse’.
e. Esta es la desesperación de los poetas que intentan, con sus bellas metáforas, nombrar Lo Real, y suelen bordearlo, pero siempre se les escapa por estructura.
f. Por último cuando logro ser lo más claro que puedo con mi mensaje, el otro me entiende lo que puede desde la mediación de su ‘pantalla’ estructural que llamaremos fantasma.
Entonces en los seres parlantes, hay mal entendido estructural porque navegamos en el mar de los sentidos-sinsentidos. En los animales no hay mal entendido porque ellos están anclados a un sistema de signos. Un signo cierra la elipse: a tal significante, (imagen acústica), tal significado, (concepto). Los delfines y las abejas no se equivocan, se entienden, en ellos hay relación sexual, o tantas otras especies que transmiten signos imaginarios en el cortejo ritual de mutua seducción.
Si bien el lenguaje nos constituye, y nos produce la primera alienación, esta alienación nos provoca una pérdida del ser, ya que ningún significante nos representa si no es para otro significante. El modo de suplir esta falta en ser, será a través de una alienación de segundo orden que consistirá en identificarnos con el objeto ‘a’, causa del deseo del Otro, lo que le dará consistencia al Otro y nos otorgará un pseudo ser, un falso self. Estamos hablando de la constitución del fantasma. Decimos entonces, que si bien el lenguaje nos constituye, el mismo nos hace perder el ser. Los seres parlantes, estamos estructuralmente desamparados, por el lenguaje, es decir solos, en algún punto, inevitablemente solos. Esta soledad hace que seamos tan dependientes del deseo del Otro, que rebajaremos a demanda, para situarnos como objeto de esa demanda. Por Eduardo García Dupont

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